¿En qué cree la generación perdida?

Nocturnalia

Las creencias y la vida espiritual son un rasgo que siempre varía de una generación a otra; incluso cuando una misma religión prevalece como dominante, el acercamiento que tienen las personas a ella no es igual que el que tuvieron sus padres y abuelos. Las crisis generacionales van de la mano con una ruptura a las tradiciones, incluyendo a las espirituales. Los baby boomers vivieron en un mundo en el que el movimiento hippie expandió filosofías como el hinduísmo, sufismo y budismo. Comenzó a favorecerse una experiencia espiritual más personal y menos delimitada. Sin embargo la mayor parte de la gente nunca rechazó abiertamente la religión de sus padres; sólo comenzaron a coquetear con ideas como la meditación, la reencarnación y el uso de psicotrópicos con fines espirituales.

 

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A eso le siguió una época en la que estos nuevos conceptos dejaron de ser tan exóticos y alcanzaron cierto nivel de normalidad. Comenzó a haber cada vez más material que permitía a cualquier persona, no sólo a académicos, investigar sobre la vida religiosa de culturas que se encuentran lejos. Medios como National Geographic ofrecieron documentales en los que se quitaba el velo de misterio a las religiones africanas, asiáticas y precolombinas. Las librerías introdujeron poco a poco publicaciones sobre la astrología, el tarot y los viajes astrales. Sin embargo la mayoría de las personas todavía veía estos conciminetos como una curiosidad un tanto prohibida y no como el centro de sus creencias. Los más disruptivos encontraban atractivo pertenecer a sectas secretas o grupos que se reunían a escondidas.

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Nosotros nacimos en un mundo en el que ya no es escándalo que alguien no sea religioso. Desde que éramos niños, el cine y la televisón nos mostraba ouijas, sesiones espiritistas, investigadores de hadas, monjes en trance y chamanes. La gama es mucho más amplia de lo que fue para nuestros predecesores. Aunque aún existen practicantes de las religiones tradicionales, hay dos fuertes tendencias espirituales en nuestra generación. La primera es el ateísmo abierto; en algunas  ciudades las estadísticas muestran hasta un 40% de ateos entre los 25 y los 35 años. La segunda son personas que abandonan las creencias familiares y se dedican a un camino totalmente ajeno a lo que aprendieron de sus padres. Muchos se acercan al budismo, algunos buscan rescatar religiones antiguas y otros optan por forjar su propia doctrina. Responder en qué cree nuestra generación es imposible, porque la norma es que ya no hay reglas.

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Beliefs and spiritual life are a characteristic that always varies from a generation to another; even when the same religion prevails as dominant, the approach people has towards it is not the same than the one their parents or grandparents had. Generational crisis come hand to hand with a break in traditions, including the spiritual ones. Baby boomers lives in a world in which the hippie movement expanded philosophies such as Hinduism, Sufism and Buddhism. It became favorable to have a more personal and less framed spiritual experience. However, most people never rejected openly their parents’ religion; they merely began to flirt with ideas like meditation, reincarnation and the use of psychotropic substances with spiritual purposes.   

After this came a time in which these new concepts stopped being so exotic and reached certain level of normality. More and more material became available that allowed any person, not only academics, to make  research about the religious life of cultures far away. Media such as National Geographic offered documentaries in which they lifted the veil of mystery around African, Asian and Pre-Columbian religions. Bookstores introduced little by little publications on astrology, tarot and astral projections. Nevertheless, most people saw all this knowledge as forbidden curiosities and not the center of their beliefs. The most disruptive people found attractive to join hidden sects or groups that gathered secretly.

We were born in a world in which it is not a scandal anymore if someone is not religious. Since we were children, films and television shows showed us ouija boards, spiritist sesions, searchers of fairies, monks in trance and shamans. The spectrum is much wider that it was for our predecesors. Even when there are still some practicioners of the traditional religions, there are two strong spiritual tendencies in our generation. The first is atheism; in some cities the statistics show up to 40% of atheists bewteen age of 25 to 35 years old. The second one is people who leave behind their family beliefs and dedicate to a path completely unconnected to what they leanred from their parents. Many of them approach Buddhism, some others seek to go back to the old religions and others prefer to create their own doctrine. To answer in what does our generation believe is impossible. Because the norm is that there are no more rules.

Nocturnalia
Amante del arte y la magia, de perros y gatos por igual. Me gusta salir a caminar en el bosque de día y en la ciudad de noche. 

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